B2

Vivir bajo una lluvia que nunca se detiene

Cada mañana me despierto con el mismo sonido monótono en mi ventana.

Es el ruido del agua golpeando el cristal de forma incesante.

Salgo a la calle y, enseguida, el frío me cala hasta los huesos.

Día tras día, la lluvia fría cae sobre mí sin darme un momento de descanso.

Mi paraguas ya no parece suficiente para protegerme de esta humedad eterna.

Las calles están llenas de charcos profundos que reflejan el cielo gris.

La gente camina rápido, escondiendo sus rostros bajo capuchas y bufandas.

Me pregunto cuándo volveremos a ver un rayo de sol en este lugar.

A veces, el viento sopla con fuerza y arrastra las gotas directamente a mis ojos.

Aunque llevo botas impermeables, mis pies siempre terminan sintiendo el frío.

Esta atmósfera gris me hace sentir un poco nostálgico y solitario a veces.

Sin embargo, hay algo extrañamente poético en el ritmo constante de las gotas.

Al llegar a casa, me quito la chaqueta empapada y preparo un café caliente.

Miro por la ventana y veo que el cielo no tiene intención de cambiar pronto.

Mañana volverá a llover, pero ya me he acostumbrado a vivir bajo el agua.