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El secreto de mis tardes con la radio antigua

Cuando yo era pequeño, la música siempre llenaba cada rincón de mi casa.

Mi abuelo tenía un tocadiscos muy viejo en el salón principal.

Cada tarde, yo ponía mis discos favoritos y empezaba a bailar.

No me importaba si desafinaba un poco al cantar las letras.

Mis canciones preferidas eran las que contaban historias de aventuras.

A veces, mis amigos venían a casa para formar una banda imaginaria.

Usábamos cucharas de madera y ollas de la cocina como instrumentos.

Nuestras voces sonaban con mucha fuerza por todo el barrio.

Mi madre sonreía mientras nos veía actuar desde la puerta.

Ella también recordaba las melodías de su propia infancia feliz.

Muchas veces, cantábamos juntos durante la cena bajo la luz cálida.

Esos momentos sencillos eran los más valiosos de mi juventud.

La música nos ayudaba a olvidar cualquier pequeño problema del día.

Hoy todavía escucho esas mismas canciones y cierro los ojos.

Siento que vuelvo a ser aquel niño que solo quería cantar.