¿Llega un momento en que cansarse de correr es lo más sabio?
Miguel tiene cincuenta y cinco años y trabaja desde los veinte.
Toda su vida ha madrugado para llegar puntual a la oficina.
Pero últimamente se despierta y no tiene ganas de levantarse de la cama.
Se queda mirando el techo durante varios minutos cada mañana.
Piensa que ya no tiene la energía de cuando era joven.
Antes corría de un lado a otro sin sentir cansancio.
Ahora prefiere tomarse el café con calma antes de salir.
Sus hijos le dicen que simplemente necesita descansar más.
Quizás tienen razón, porque el cuerpo también necesita parar.
Miguel empieza a pensar que la vida no es solo trabajar y correr.
Hay momentos para descansar y disfrutar de las cosas pequeñas.
Un paseo tranquilo por el parque puede ser igual de valioso.
Sentarse a leer un libro también es una forma de vivir bien.
Quizás hacerse mayor significa aprender a ir más despacio.
Y eso, en realidad, no es malo en absoluto.