a close up of a human brain on a black background
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Merge Labs: la apuesta por fusionar cerebro humano e inteligencia artificial

En diciembre de 2017, Sam Altman, CEO de OpenAI, escribió un breve artículo llamado The Merge, que ya adelantaba dos rasgos que definirían la empresa detrás de ChatGPT: la humanización de la inteligencia artificial y un lenguaje profético sobre la transformación social que traería.

Altman anticipaba que la fusión entre humanos y máquinas podría ocurrir más allá de la tecnología, y preguntaba si estas realidades acabarían conectándose.

Con ese marco, Merge Labs surge como inversor de aquella visión: propone una simbiosis entre humano y máquina mediante la inteligencia artificial más avanzada en el ámbito de la neurotecnología, con la meta de una Brain-Computer Interface (BCI) que permita comunicación cerebro-máquina sin intermediarios.

Entre otras ideas, Merge Labs aspira a combinar edición genética y ultrasonidos para leer y, potencialmente, influir en procesos neuronales de forma remota, presentando a los inversores un mercado potencial de hasta 400.000 millones de dólares, según Morgan Stanley.

La filosofía transhumanista llega a la neurotecnología: la premisa es amplificar las capacidades humanas utilizando la IA para detectar patrones en la actividad cerebral y, si es posible, inducir cambios neuronales adaptados a cada persona.

Recientemente, el laboratorio recibió una ronda semilla de 252 millones de dólares.

¿Qué propone Merge Labs?

El relato se basa en información de una empresa de opacidad notable: se trata de un laboratorio privado que no cotiza y es vulnerable al espionaje industrial.

En primer plano está el uso del ultrasonido funcional (fUS) como neuroimagen: medir la señal hemodinámica, es decir, el flujo sanguíneo que acompaña a la actividad neuronal, para mapear en tiempo real la actividad cerebral.

Tradicionalmente, el fUS requería procedimientos invasivos o zonas expuestas; Merge Labs propone un transductor colocado bajo la bóveda craneal en el espacio epidural, que evita gran parte de la interferencia del cráneo y permite generar mapas con precisión de 100 a 200 micras.

En su frontalidad más innovadora, la empresa plantea la edición genética mediante genes reporteros acústicos incrustados en mamíferos y usados junto con ultrasonidos para crear una firma acústica detectable.

Estos genes, vinculados a promotores dependientes de actividad neuronal, podrían indicar qué neuronas se han impregnado en mayor activación, al acumular vesículas de gas que se amplifican con las ondas acústicas.

Aunque este enfoque es prometedor, tiene limitaciones notables: la escala temporal de la expresión génica es de minutos, mientras que la activación neuronal ocurre en milisegundos.

¿Podría la IA reducir esa brecha y, al combinar información hemodinámica y genética, ofrecer una lectura fiel de los procesos mentales o incluso usar ultrasonidos para inducir cambios neuronales?

De momento, la tecnología ha sido probada en laboratorios, no en humanos, y persisten retos como la degradación de implantes en el cuerpo.

Aun así, Merge Labs se muestra optimista, pensando en décadas y no en años.